La Noche Roja
La cultura musical de los ochenta en Motril se precalentó en algunos fuegos como, quizás, en el pub ‘Celeste’ (en honor a la mítica sala ‘Zeleste’ de Barcelona) al final del paseo de la Explanadas o en el legendario concierto de la ‘Noche roja’. Bajo la consigna de ‘Más de 7 horas de Rock & Rollo, a punta pala’, en el Estadio Municipal de Fútbol de Motril sonaron grupos como Iceberg, Imán Califato Independiente, Salvador, Guadalquivir, Miguel Ríos y Triana, junto a la Troupe del Mayo Rojo y el Rayo Láser. Un Gran Circo del Rock con cien vatios de luz y quince mil de sonido.
La ‘Noche roja’ dejó boquiabiertos a muchos jóvenes motrileños que nunca habían contemplado, en su pueblo, un concierto de esas dimensiones, y abrió una puerta a los grandes festivales de verano en Motril auspiciados desde la concejalía de Fiestas. Nombres como Cai, Medina Azahara, Alameda, Leño, Barón Rojo, Obús, Asfalto o Mediterráneo, desfilaron junto La Orquesta Mondragón, Alaska y Dinarama, Los Secretos y tantos más. Ahí pudo surgir uno de los gérmenes.
Por otro lado ciertos focos de interés comenzaron a promocionar música española de los ochenta como la asociación Colectivos Culturales (el baile de los fines de semana conocido como ‘La falange’) y pubs más modernos como ‘Waikiki’, ‘Chaparral’ o ‘La Mode’, entre otros. El catalizador de todo ese proceso fue, a mediados de la década, la efímera radio Guadalfeo y la organización del festival ‘Rockigú’ y su emisión en directo la noche del 22 de junio de 1985. En cartel los entonces no muy conocidos grupos granadinos de 091 y La Guardia del Cardenal Richelieu –después sólo La Guardia-, y las promesas locales Caín y Los Engomados que sonaron, por primera vez, con muchos vatios.
La trayectoria de estos dos grupos motrileños fue muy diferente, mientras los primeros se afianzaron como grupo y desembocaron en un proyecto afianzado que les proporcionó un estatus casi profesional con grabaciones incluidas y numerosas actuaciones, los primeros fueron víctimas de su propia ingenuidad que los devoró como banda. Ambas formaciones tenían un nexo en común: compartían un mismo batería (Dani) y eran hijos de la postmodernidad de los ochenta.
Los Engomados debutaron en el año 1984 con una serie de conciertos por locales como Waikiki o la discoteca Cosmos y su primera gran cita la tuvieron en los carnavales de Motril donde, por primera vez, sonaron con el equipo profesional del conjunto Célula (Antonio Sáez, Miguel ‘El churros’, Pepe Navarro, Antonio ‘El niño’ y Enrique) que tantas verbenas de verano animaron. Enfundados en una estética ‘punki’ y seguidores de grupos míticos como Sex Pistols o Ramones, la formación estaba compuesta por el desaparecido Quique como voz cantante, Antonio Torres al bajo, Antonio Maldonado a la guitarra y el reseñado Dani Aragón a la batería, y ocasionalmente se sumaron Gonzalo y Purdi. Apenas se les recuerda media docena de temas con títulos como ‘Instituto psiquiátrico’, ‘No pasa nada’, ‘Estrella Polar’, ‘Fiesta de Difuntos’, ‘Corriendo hacia el Sur’, ‘Cómo te va’ o ‘Lávate los huevos en la lavadora’.
El grupo Caín, en sus primeros pasos, corrió una suerte paralela a ‘Los Engomados’, pero su trayectoria fue una carrera de superación que les llevó a cotas casi impensables para otros grupos locales. Instalados en sus inicios en una estética musical más bien heavy o de rock duro, su primera formación estuvo compuesta por los hermanos Aragón, Óscar a la guitarra y Dani a la batería, Paco Escudero al bajo y como cantante Miguel Perfectti, sustituido en 1988 por Yolanda Aragón.
Caín debutó en el Celeste en mayo de de 1985 y sumó algunas actuaciones en el campo de fútbol dentro del cartel de las fiestas de verano y en la antigua plaza de toros con nombres de peso como Loquillo o Semen Up, intervenciones en programas de TVE y la grabación de la maqueta ‘La voz de la sangre’ programada por Carlos Pina en Radio 3. De sus inicios se recuerdan temas como ‘Alta sociedad’, ‘Vive’ o ‘Siento por el rock’.
Otro de los grupos que vivieron el pasaje de los ochenta fue el grupo Abraxa (1980-84), más tarde reconvertidos en Ceda el Vaso (1984-89), más orientados hacia la música pop-rock. La primera etapa fue cubierta por Antonio Valero a la guitarra, Pablo Sabio al bajo, Francis Manzano guitarra rítmica, y Pepe Acosta guitarra y voz. Ya como Ceda el Vaso entraron en el grupo José María Martín, guitarra y voz, y Miguel Ángel Hurtado, al bajo, en sustitución de Antonio Valero y Pablo Sabio. Sus canciones más memorables fueron ‘El último tema’, ‘La chica de rosa’, ‘Paño negro’ que llegaron a plasmar en una maqueta.
La generación de los ochenta cedió el testigo a nuevos grupos juveniles motrileños que emergieron en mayor número en la siguiente década.